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Cine Chileno ¿Dónde está el Público?

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Imagen de "Huacho" de Alejandro Fernández Almendras

El periodista Leopoldo Muñoz analiza el escaso resultado que los buenos títulos nacionales han cosechado en la taquilla. Artículo publicado originalmente por la revista amiga Mabuse, que estrena nuevo diseño.

Como estrellas fugaces, las películas más arriesgadas del año como Navidad o Ilusiones Ópticas muestran su fulgor en la cartelera y se extinguen en un par de semanas. Peor aún, Huacho –que obtuvo el máximo galardón en el cada vez más inadvertido Festival de Cine de Viña del Mar- ni siquiera tiene fecha de estreno. Fenómeno que se repite y parece no tener remedio ni fin.

Por Leopoldo Muñoz

Por fin se apaga la estridente polémica en la postulación chilena al Oscar, donde la intelligentsia conservadora (no nos engañemos al respecto) adoptó como un tótem a La nana por sintonía y éxito, en una reacción espontáneamente visceral al izquierdismo que personifica Miguel Littin y su adaptación de Dawson: Isla 10. Discusión que a pesar de su autorreferencia en ambos bandos, aparece necesaria para avivar el entumecido debate de la crítica local (donde hay mayor maledicencia que argumentos), pero que también nos distrae de asuntos urgentes y vitales para nuestro cine. La interrogante que debería resonar hasta ensordecer pero que ni la crítica, la prensa o los espectadores han planteado es ¿por qué en 2009 las películas nacionales más significativas en su aporte al lenguaje audiovisual, han durado tan poco en cartelera o incluso peor, no se han podido estrenar?

Ilusiones Ópticas

Sin menospreciar el aporte de La Nana o la irreductible mirada sobre el pasado de Dawson, Isla 10, no son los estrenos de mayor riesgo o lucidez fílmica que se han exhibido en la presente temporada. La genuina innovación, esa que sorprende y hasta confunde, apenas pudo ser vista, pero dejó más de una huella o cicatriz en la mente de la cinefilia y/o al menos en mí.



Navidad, Ilusiones Ópticas y Huacho albergan el testimonio del crecimiento de una generación de directores sub 40 que expresa una actitud y un punto de vista sobre el cine, con estilos propios en desarrollo, pero en especial sobre Chile. Son parte del más brillante futuro audiovisual y no eluden a preguntarse quiénes somos ni a ofrecer ideas contundentes que develan pasión por las imágenes en movimiento antes que el cálculo en boleterías. Aún así, son películas que tienen su público, no son aves raras ni visiones crípticas, de hecho las tres cuentan con fondos concursables criollos e internacionales, además de pasaportes timbrados por prestigiosos festivales.

Inclusive Navidad acaba de tener una muy buena partida comercial con 20 copias en Francia acompañada de positivas críticas, entre ellas la publicada por Cahiers du Cinema. Sin embargo, este halagüeño panorama no fue suficiente para atrapar la atención del público nacional. Navidad (con 12 copias distribuidas) no superó las dos semanas en cartelera e Ilusiones Ópticas (hasta el lunes 23 de noviembre) se mantenía con vida sólo en una sala de la capital (en horario único) y dos salas en Talca y San Bernardo, con dos funciones diarias.

En consecuencia, su permanencia y visibilidad terminó antes que el gran público alcanzará a saber de su existencia. El caso de Huacho es aún más alarmante, pues la película dirigida por Alejandro Fernández Almendras que participó en la prestigiosa Semana de la crítica en Cannes este año, todavía no tiene garantizado su estreno en el circuito local.

Huacho

El carácter crónico del fenómeno de las “salas vacías” en el cine chileno no tiene fecha de vencimiento a la vista. Lamento eterno de cineastas y productores que deriva en explicaciones circulares, donde las distribuidoras no cuentan con el poder de negociación necesario con las cadenas exhibidoras, las que limitan la estadía de las copias en cartelera de acuerdo a los números iniciales de los primeros cuatro días.

Tarde de lunes fatal, tras el conteo del borderó, que se repite semana tras semana. Momentos en que, demasiadas veces, se arremete contra la crítica, en especial cuando el estreno criollo ha recibido comentarios negativos. Queja injusta, estéril y casi siempre odiosa, calificativos ratificados por mi propia experiencia en el oficio. Como crítico de Las Últimas Noticias, el diario más leído en el país, he confirmado –a diferencia de lo que creen los cineastas, productores y distribuidores-, la escasa influencia que ejerce la crítica sobre el lector/espectador cuando se trata de los estrenos nacionales. Por ejemplo, Navidad e Ilusiones Ópticas las califiqué como Buena, y a pesar de las “estrellitas” no superaron los 3 mil espectadores cada una.

Efecto paradójico e impredecible pues cuando califiqué de Infumable a Santos, el filme obtuvo una taquilla similar. Sin pontificar desde de un caso particular, los datos sirven de evidencia que en algún punto se rompe la ansiada conversación entre el cine chileno, la crítica y el público.

Un diálogo de voces afónicas para el espectador promedio que no modifica su consumo cultural o de entretención. No fui el único crítico que pensó que las obras de Sebastián Lelio y Cristián Jiménez son un aporte importante en el quehacer audiovisual, y esa coincidencia acrecienta el desconcierto al ver la pronta retirada de los títulos de la marquesina. ¿Se acabaron las certezas en el cine y la distancia entre crítica y el público es insalvable? No creo, perder la fe en el cine y finalmente en nuestra mirada resulta tan asfixiante como le ocurre al ciego de Ilusiones Ópticas. Pero la sensación de apostar y perder, por qué siempre es un riesgo calificar una película chilena, nos cuestiona –o al menos eso se espera del ejercicio crítico- y nos remite al viejo mito de la genética desconfianza que siente el espectador por el cine nacional.

Navidad

El rechazo a la industria nacional, podría pensarse que es un síntoma característico en cada país, pero si se toma en cuenta a grandes productores audiovisuales latinoamericanos como Brasil y México aparece como falaz el supuesto desprecio espontáneo por lo propio. 

En India, el mayor mercado cinematográfico del mundo, el consumo interno es el corazón de la industria. Idéntica situación a la de EE.UU., donde el público mayoritariamente prefiere el producto hollywoodense y donde la cinematografía en lenguaje foráneo se reduce al circuito alternativo.

Entonces, el caso chileno se manifiesta fratricida respecto a su cine. En comparación con otros productos, si existe una discriminación en contra del audiovisual. Nadie se atrevería en público a desestimar las bondades del vino chileno frente a un caldo extranjero o a preferir el pisco peruano en vez del brebaje de la cuarta región. Y no sólo es cuestión de marketing o chauvinismo. Cuántas veces se escucha la añeja letanía de “no veo películas chilenas” y se aducen razones políticas, abuso de groserías, lentitud, incredulidad o simplemente desidia.

Frente a esta molestia innegable, y tal vez inexplicable, que experimenta el espectador, la única actitud posible es concretar el manoseado sueño de la “formación de audiencias”, discurso que hasta ahora sólo tiene su eco durante los “días del cine” y durante la entrega de galardones como el Pedro Sienna. 

Para este desafío a largo plazo es indispensable integrar al Estado y a los particulares, si se busca transformar al audiovisual en una fortaleza económica con potencial exportador. Sin aumento de la demanda de nuestras películas, el notable crecimiento del rubro en producción, escuelas de cine, festivales y plataformas puede devenir, por torpeza y negligencia, en un mercado donde hay más realizadores que público.

Preguntas al Cierre…

• ¿Por qué se obliga a leer en el colegio a escritores chilenos y no se realiza actividades similares con nuestro celuloide? Es la edad perfecta para inocular la ansiedad por el cine.

• ¿Influye en el trato de las películas chilenas que Hoyts haya comprado Showcase, y así existan menos sujetos negociadores en la exhibición?

• Las distribuidoras, que son quienes “alimentan” de oferta a las exhibidoras, ¿no podrían pelear paquetes de exhibición que incluyan filmes chilenos, con lapsos de exhibición determinados?

• La imposibilidad de resguardos estatales, como cuota de pantalla, para la producción nacional, ¿será eterna debido al TLC con EE.UU.?

Publicado el 01-12-2009

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