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"EL ESTADO DEBIESE PONER EL FOCO EN EL ESPECTADOR"

Alicia Scherson es parte de la nueva camada de realizadores chilenos que le han impreso una diversidad de miradas a la cinematografía realizada en este rincón del planeta. Ingresó a estudiar biología en la Universidad Católica, unos años después viaja a Cuba a estudiar cine. Luego gana una beca Fulbright que la llevó a Chicago para titularse como Master of Fine Arts y sin dudas este viaje por los senderos de la disciplina científica le hicieron caminar por el desafío de su segundo largometraje, Turistas que se estrena este 15 de octubre en las salas locales.

En su filmografía tiene dos cortometrajes a su haber, Baño de Mujeres y Crying Underwater, sin embargo, el reconocimiento lo obtiene con su opera prima Play por la que ganó el primer premio en el Festival de Tribeca de Nueva York el año 2005 entre otros 17 galardones.

A dos años de esos aplausos, Alicia continúa cosechando elogios por el mundo, ya que en cada presentación de Turistas el recibimiento ha sido afectuoso, cuenta. Donde Alicia no es para nada una turista es el cine, por lo que en esta entrevista también analiza el estado actual del mercado. 

“Turistas” es una mirada capaz de examinar minuciosamente, la vida vegetal y animal así como el interior de su protagonista…

Está bonito eso, la palabra minuciosa me gusta. Desde el principio quise filmar algo preciso y rescatando la mirada del naturalista, como observando muy de cerca las cosas, como lo hace un personaje principal (Karla, interpretada por Aline Kuppenheim) plantas, bichos, hay una cámara muy cercana y claro, un afán por la precisión, contar pocas cosas con cuidado.

Me imagino que había entonces un story board muy acabado, tenías en mente los encuadres…

Funciono con los planos bien diseñados, pero no al 100%, quizás un 70% de las cosas están más claras. Ahora como estábamos filmando en la misma naturaleza, había cosas que no podías planificar tan certeramente. Conocía la locación, pero no sabía si iba a estar o no un pájaro determinado. Las condiciones eran más difíciles, pero sí había una idea muy concreta de cómo tenían que ser los planos, y había un margen que nosotros bautizamos como “National Geographic”, en los que definitivamente se trabajaba de forma más improvisada. Había animales controlados y otros que salieron en medio del rodaje, para eso necesitábamos una capacidad de reacción y ponernos en un plan más acorde con el de un documentalista de naturaleza.

¿Y esto de las microsociedades se ve tanto en los bichos como en los personajes que se muestran un tanto torpes frente a la naturaleza? 

Claro, es el camping entero como una casita de muñecas que en el fondo es un lugar específico con personajes extraños que interactúan entre sí con ciertas reglas y tiene sentido, la decepción o la falsa ilusión de que uno se va a la naturaleza como si uno se fuera a un lugar sin reglas, a vivir la vida salvaje y todo; y claramente eso no existe para nadie y menos para las personas que viven en las ciudades. Llegas a la naturaleza, pero de todas formas ella tiene sus caminos, tiene sus carteles, jerarquías, intrigas, mentiras, no es como esa naturaleza que es pura verdad, libertad  y belleza, que es la visión romántica que tenemos.

Lo que buscas al irte de vacaciones…

Exacto, pero al estar ahí un tiempo te das cuenta que tiene su complejidad y sobretodo hay engaños. Todos los personajes tienen sus secretos en el camping, casi que cuando pones a cuatro seres humanos juntos es inevitable que haya mentiras, engaños, rollos locos de todo tipo, y por supuesto que los animales, los pájaros y los árboles son parte de eso.

¿Cómo así?

Son personajes que cohabitan en la película. Me han preguntado en los festivales porqué esos planos de bichos tan cercanos y mi respuesta es que son mis extras. Porque son la típica toma en una ciudad de las personas cruzando la calle, aquí el resto de los habitantes son pájaros, bichos, árboles y animales. Además a los insectos no hay otra forma de verlos, en un plano general sería imposible. Usamos una óptica bonita para ello.

¿Cuánto influyeron tus estudios de biología en esta película?

Yo estudié cine mientras estudiaba biología. Partí con eso y ya mi cabeza estaba en lo del cine cuando apareció un curso de artrópodos terrestres que son precisamente insectos. Tuve que hacer un insectario gigante de 250 bichos que fue muy difícil de hacer. Tuve que cazarlos y clasificarlos, al estirarle las patitas se me quebraban porque soy muy torpe en eso. Fue una experiencia media traumática -ríe-. Creo que sí quería tomar el rollo del naturalismo, como una idea de la ciencia que tienen todos, aunque estando dentro de ella en realidad no es eso, para nada.

Un cuento absolutamente superado, estaba bueno para Darwin…

Absolutamente superado. Pero cuando uno entra a la carrera de biología cree que va a ir a mirar bichitos y en realidad no haces eso, te mueves por otros lados y es menos bonito de lo que uno creía en un principio. Pero de todas formas hay islas como esta de los artrópodos terrestres que se hacen igual que hace 200 años.

Uno podría intuir que tu segundo largometraje está en las antípodas de Play, en el sentido que es una película muy urbana, muy santiaguina…

No son tan distintas en algunos sentidos, es decir, tiene ciertas líneas comunes en cuanto a los personajes descentrados. Están fuera de su personaje valga la redundancia. Personajes como incómodos en un lugar que nos les pertenece, podría ser como el reverso de Play, como la ciudad metida en el campo.

Y sí, estaba un poco cansada de Santiago la verdad. Turistas la escribí cuando estaba viviendo alejada de la ciudad. Fue como tener muchas ganas de naturaleza, pero también tiene la inocencia del personaje que dice que va a ir a sumergirse en la naturaleza desde la perspectiva de una oda, yo al menos, ya no tengo esa ingenuidad o esa pureza –ríe-, es decir, tomo la naturaleza desde una óptica más bien urbana, que es la del turista en un camping. Un personaje que le molesta, por ejemplo, dormir en el saco sobre la tierra, no sabe cómo ponerse, echándose cremas en la cara, muy citadina, así es Karla (Aline Kuppenhaeim) y la verdad es que ninguno de los personajes tiene relación con la naturaleza de forma salvaje, de hecho ni el guarda parques la tiene.

El rodaje duró cerca de un mes en el Parque Nacional Las Siete Tazas en la Región del Maule. ¿Por qué decidiste filmar allí y cómo fue la experiencia de rodar en un lugar silvestre?

Me encantó. Irse todos juntos es otra cosa. Que cada uno no vuelva a su casa después de la jornada arma una mística muy especial en el rodaje y una concentración que se ve en esta idea de la minuciosidad que hablábamos antes, también tenía ganas de eso, ir y concentrarme con pocos personajes y pocas locaciones en un objetivo más concreto.

Con “Play” fue todo lo contrario, muy coral, con muchos personajes, muchas locaciones, muchas ideas ya que era ópera prima y la cabeza se llena de ideas. Eso había tenido su encanto, pero quería vivir lo opuesto, hacer un trabajo de concentración. Para eso fue muy bueno tener a todo el equipo junto, me encantaría poder hacerlo de nuevo, llevarse a todo el mundo a una casa para que se concentren y se viva esa mística. De verdad es otra cosa, la gente está en otro nivel de compenetración entre ellos y con la película. Además filmamos en el sentido del guión, partimos con las imágenes de la carretera, de estos personajes (Karla y Joel) yendo rumbo al parque. Y eso fue duro, filmar en carretera es durísimo. Ahí nos quedamos en el parque y de a poco nos fuimos volviendo un poco salvajes. Ya los días libres aunque alcanzabas a ir a Santiago había gente que no volvía, íbamos a Curicó con suerte a comprar, pero optábamos por quedarnos en el parque.

¿Y frente a los aspectos técnicos no hubo ningún problema?

Primero decir que en regiones son muy apoyadores de los proyectos cinematográficos. En concreto la Municipalidad de Molina nos dio un apoyo logístico muy grande, la Conaf y Sernatur también. La gente fue muy amable y se mostró con ganas de cooperar.

Además las Siete Tazas, tiene la gracia que puedes estar en Santiago en 3 horas y realmente puedes ir y volver en el día en el caso de… No significa un viaje de todo el día, tampoco avión, nos podíamos mover y además por cualquier cosa está Curicó al lado con todo tipo de servicios.

En las Siete Tazas una de las dificultades fue que no teníamos señal de celular y menos Internet, por lo que la producción sufrió un tanto. Estábamos el equipo de producción y la protagonista, pero habían actores que no estaban siempre y allí se produjeron problemas de logística ya que no se podía coordinar las horas para irlos a recoger -de hecho en la película sale- hay un solo lugar donde podíamos tomar señal para los teléfonos, a unos 4 kms, lo que significaba hacer un par de viajes en el día para sólo hacer llamadas, pero cualquier emergencia, alguien que perdiera el bus qué sé yo, tenía que esperar a que estuviéramos ahí para poder comunicarnos. Ahí tuvimos algunos dramas, por algunas personas que se quedaron botadas sin bus, como un steadycam que no creo que vuelva a trabajar con nosotros porque se quedó el Talca botado toda la tarde, él fue víctima de este contratiempo.

Otra de las dificultades por así llamarlo, pero más bien tiene que ver con los cambios que se debían realizar en el set al estar en la naturaleza misma eran los animales, por ahí, leí que hubo cambiar a un burro por una oveja…

Sí, ¿está publicado eso? –ríe- Claro, hubo muchos cambios de animales que yo tenía en el guión, una oveja podía terminar siendo una cabra y también pasaba con los citadinos que éramos nosotros, así en el  equipo de arte diferenciar entre un carnero y un cordero se les hacía difícil, se dieron situaciones así. Por ejemplo, para encontrar un pájaro carpintero fue una locura. Habían, pero de ahí a capturarlo con la cámara era otra cosa…

Seguramente se acordaron de los documentalistas de National Geographic…

Nosotros salíamos a buscar a los pájaros y claro somos un equipo de ficción y teníamos las puras ganas de ser National Geographic, pero nadie tenía la paciencia de esa gente que es algo realmente impresionante, hay que pasar mucho tiempo en silencio en la naturaleza observando.

Partíamos felices a las 5 de la mañana y a las 6 ya estábamos preguntándonos por el pájaro carpintero, ya todos se ponían a hablar espantando a todos los animales, ¿me entiendes? Nos dimos cuenta que no era tan fácil llegar y captar a los animales, así que algunos tuvieron que ser puestos por producción y otros que fueron por azar, por ejemplo una escena que está con unos cóndores. Íbamos de camino a rodar una escena a otro lugar cercano y de repente vimos los cóndores, así que corrimos para ponerle los vestuarios a los actores y agarrar a los cóndores no sólo a ellos sino con personajes y realmente eso fue un desafió mayor al de National Geographic, porque teníamos los planos cerrados del cóndor –que lo hicimos igual- pero siempre los puedes comprar. Tenerlos de fondo con los personajes es otra cosa, creo que hasta podríamos hacer un nuevo género del tipo ficción en la naturaleza, es decir, en el fondo tener a los animales con la ficción por delante, ese fue un momento maravilloso, muy entretenido.

¿Por qué los personajes los definiste como estos citadinos torpes y no los construiste más aventureros?

Bueno porque tiene que ver con la manera que yo me puedo relacionar con ellos. Creo que el personaje como completo con las cosas claras, que tiene respuestas, que puede prender fuego con un palo, para mí se agota muy rápido y es muy aburrido realmente.

Los personajes conflictivos, son más cómicos y a mí me agrada trabajar con ellos. Un personaje como redondo, perfecto, no sé, tú tienes que convivir con un guión durante un par de años y esos personajes se tornan una lata, como las personas que lo saben todo en la vida misma, son una lata ¿no? ¡En el cine peor!

Prefiero trabajar con personajes incompletos, todos desde el guarda parques que tiene un uniforme, por lo tanto arquetípicamente debería ser las respuestas del poder, de un lugar de autoridad y él vive totalmente un conflicto personal, trancas un poco que puedo relacionar con un personaje de un cortometraje que se llama “Crying Underwater” (2002) que se trata de un piloto que tiene una crisis nerviosa en el alta voz mientras habla con los pasajeros. Me interesa esa figura de la autoridad que no puede con su vida al igual que todos nosotros.  

¿Y en esta torpeza, no se esconde una crítica al citadino que se escapa a la naturaleza para resolver su vida?

Sí, pero no es crítico desde el por qué vas. Sino exponiendo esta ilusión de lo que quieres ir a buscar, luego la decepción y finalmente todo lo otro que descubres. De todas maneras algo te da la naturaleza, yo no soy escéptica a la naturaleza, a cualquiera de nosotros nos gusta salir a caminar por el sur y ver la naturaleza, eso es algo irremplazable para el ser humano y trascendente a todo nivel para una persona. Pero no es tan lineal como para uno decir tengo un problema y lo voy a resolver sumergiéndome en la vida silvestre. Asumir esa complicación que nos causa el sur es algo que se refleja en la película. No tengo la respuesta, pero es verdad, uno se va y descubre otras cosas.

Respecto de las expectativas de “Turistas”…

En eso ya estamos un poco avanzados, hemos sido seleccionados en varios festivales y el round de estos está muy diverso y entretenido. Presentamos en Rotterdam donde fuimos la única película latinoamericana en competencia, en Guadalajara, Los Ángeles, Milán, ahora voy a Nueva York, así que muy contentos por todo esto, es una película que se hizo relativamente rápido con puros fondos públicos concursables, es decir, sin apoyo privado, así que muy contentos con la crítica que ha emanado de los festivales, que son las que te dan miedo.

Ahora nos queda Chile, que no es un tema menor por lo que está atravesando el mercado. Muchas películas y poco público. Hay una mala onda de los exhibidores con el cine hecho en Chile, porque han habido algunos guatazos en el año y la presión de los bloskbusters está fuertísima. A eso tienes que sumar que la ley acá es que el que más boletos corta pisa al otro y copa las pantallas. Eso me espanta, porque yo entendería si de esas 10 pantallas fueran copadas por 10 títulos distintos, pero a mí modo de ver el aumento de copias es un gol que nos hicieron de media cancha.

Frente a eso el cine realizado en Chile quedó a la mano de Dios…

Me sorprende que no haya un recurso legal para defendernos frente  a eso como pasó en España con la ley de monopolio, digo para protegernos de la invasión de las mismas películas, eso va contra cualquier tipo de criterio. Entiendo que cada uno vea lo que quiere, ¡pero que haya películas distintas! sino podemos llegar a un momento de ver lo que pasa en la televisión en que las pantallas están completas copadas por dos o tres películas, todo porque no representas a una mayoría numérica.

Eso es volver atrás en la propia lógica que impulsaron las multi salas en su minuto

Claro, porque era la multiplicidad de opciones en un cine, pero imagínate, ahora descubrieron que pueden poner más pantallas con Harry Potter y se llenan igual y eso va en detrimento del cine local y sobretodo de la diversidad que el cine nos ofrece. Entonces nos podemos enfrentar a un futuro en que sólo podamos ver Harry Potter ¿por qué no? A lo mejor con la cantidad de recursos que gastan en marketing es muy probable que ocurra que siga siendo un atractivo negocio. No se trata de defender al cine chileno frente a los voraces de Hollywood, no, creo que la defensa se debe hacer por la diversidad de películas.

De todas formas, me parece que sí debe buscarse una fórmula de mantener los títulos nacionales en cartelera…

Desde luego, son películas financiadas con recursos del Estado, y si ya están poniendo dinero en la producción deberían preocuparse que la gente vea esas producciones, pero como espectador te digo, que me gustaría que se defendiera la diversidad de películas que pueda ver en el cine, esa situación está muy mala este año.

Para revertir esa realidad, debemos saber que los exhibidores son representantes de cadenas internacionales que siguen orden de sus patrones. Si hay un tipo de negociación que se puede conseguir con ellos por vías comerciales, dependerá de la presión que los distribuidores puedan ejercer, ahora el compromiso de los exhibidores con el cine debe estar gestionado desde las asociaciones de productores y desde el gobierno, conseguir algunos acuerdos concretos me parece fundamental, porque si no, estamos condenados.

Ahora el gobierno pone dinero para la producción y me parece fantástico, eso está muy bien, pero si una película es beneficiada con 100 millones de pesos para que la vean mil personas estás haciendo un muy mal negocio, no sólo porque no retorne dinero, sino porque es una inversión muy grande para satisfacer a muy poca gente. Si no se logra negociar con los exhibidores se tiene que lograr construir esa difusión, porque tienes un Estado que hace cine no sólo para cumplir con una imagen país en el extranjero -que en mi opinión está más que cumplido- ya el cine chileno tiene un nombre afuera y nos invitan, se hacen muestras del cine que se hace acá y todo.

Pero, luego tienes esa falacia que nos hace ver la televisión que tenemos, esta construcción de que exhibimos lo que la gente quiere ver. Eso es una falacia en sí misma, no hay nada que el público quiera ver, la audiencia no es un ente con una voluntad concreta y menos inamovible. Creo que eso está construido por encuestas y resultados, cuando ponen Harry Potter la gente va y cuando no, no va no más, pero la cosa es más de fondo. Eso es un argumento circular que no puedo creer cada vez que lo escucho.

Más allá de políticas de defensa de la cinematografía nacional, también falta una fuerte arremetida en la formación de audiencias para el cine ¿no?

La gente va a ver lo que puede ver y lo que ha aprendido a ver. Ver cine se aprende y no sólo como cuando te enfrentas a una materia, se aprende en la medida que vas descubriendo y eso nos ha pasado a todos. La primera película que viste de un determinado director que te gustó te hizo ir a buscar sus películas anteriores y si nunca la hubieras visto no tendrías idea de lo que es, es tan obvio. Lo que pasa en regiones es espantoso, si aquí tenemos la posibilidad de tener 3 o 4 salas que aún dan este otro cine, allá simplemente no hay nada más que el hit de turno de Hollywood.

Si ya tenemos conocimiento de lo que pasó en EE.UU. no sigamos ese camino. En EE.UU. tienes ciudades donde todo está pasando y en medio hay pueblos enteros que tienen un mall con un multicine con 3 películas dando vueltas cada semana y sin tener acceso a más cine que ese. Sabemos también mirando hacia atrás que en los años ’60 se estrenaban comercialmente las películas de Michelangelo Antonioni, las de Jean-Luc Godard, y la gente podía ir al cine a verlas, a muchos podía no gustarle y a otros tantos sí, pero eran películas estrenadas en el cine, se podía ver a Brigitte Bardot en el cine y estaban en boca de todos generando discusión, todo el mundo podía ver películas italianas, francesas, todo el mundo… no unos pocos.

Ahora como se inventó esto de que las personas sólo pueden ver cierto tipo de películas, la cosa va en mal camino.  Para romper con eso debe haber una voluntad política decidida para que ya que apoyamos la producción la gente pueda ver estas películas, si les gusta o no, es otro tema, eso se discutirá luego.

Uno no aspira a hacer un millón de espectadores, sino a estar un tiempo en la cartelera y hacer el público que tenía que hacer, pero las sacan sin previo aviso. Es algo que me pasa y me cuestiono más como espectadora que realizadora.

Háblame de El Futuro, una adaptación de “Una Novelita Lumpen” de Roberto Bolaño, próximo proyecto en el que trabajas…

Sí, ya nos hemos ganado un Ibermedia para producción y recientemente los fondos del Consejo del Arte y la Industria Audiovisual 2009, pero pasó que se cruzó con Turistas cuando estaba en pleno rodaje. Los quería hacer de forma simultánea, pero comenzó a atrasarse un poco el rodaje y eso atrasó todo, en el sentido que me mientras uno estaba en rodaje el otro (El Futuro) debía estar en preproducción. Ahora estamos esperando respuesta del Fondo del Audiovisual para consolidar el presupuesto y esperamos rodar a finales del próximo año de todas maneras.

Es una adaptación bastante fiel, de la historia de Bolaño que está muy bien escrita. Son dos hermanos que quedan huérfanos al comienzo de la historia  y quedan solos ya que son hijos de inmigrantes. Se mezclan con las personas equivocadas y entre esos amigos crean un plan para robar la casa de un viejo actor de cine italiano b, ya ciego y retirado. Ella se prostituye para saber dónde esconde una caja fuerte con el dinero y las joyas en esa mansión y comienza una relación. La historia transcurre en Roma y esperamos rodarla allá en sus exteriores y en Santiago el resto. Es una novela muy bizarra, en una atmósfera muy rarísima, apocalíptica de un futuro muy cercano en un estado de luto reciente, con estos jóvenes que deben convertirse rápido en adultos pero no pueden en una ciudad muy hostil como suelen serlo las grandes ciudades.



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