La arqueóloga del cine chileno desde las catacumbas de La Moneda preparaba las maletas para mudarse junto a los más de mil quinientos títulos que han conseguido proteger a la nueva casa que albergará nuestro legado fílmico.
Pese a haber siempre estado protegiendo material no fue hasta que la restauración de un documental de Neruda del año ’76 que andaba dando vueltas destrozado, y no se podía proyectar fue parchado por Carmen y lo devolvió armado que se tomó conciencia de que los materiales se podían proteger y salvar.
Es gracias a Carmen Brito que los chilenos podemos viajar por el tiempo y descubrir la construcción de nuestra identidad forjada por el celuloide. Películas que se consideraban perdidas, algunas tal vez para siempre, como El Húsar de la Muerte (Pedro Sienna, 1925), Canta y No Llores Corazón (Juan Pérez Berrocal, 1925), La Dama de las Camelias (José Bohr 1947) o Valparaíso Mi Amor (Aldo Francia 1969) y Largo Viaje (Patricio Kaulen, 1967) entre otras muchas ha rescatado y restaurado. |